Archivos para febrero, 2009

Elixir de juventud

Publicado: febrero 15, 2009 en cierto como imaginar

 

150. La teoría que no caduca

Publicado: febrero 12, 2009 en varios

darwin

No fueron las Galápagos las que llevaron a Darwin a su deducción, las Galápagos sólo fueron un paréntesis al final de una expedición dedicada fundamentalmente a cartografiar la costa sudamericana. Fue cuando el Beagle ancló junto a Bahía Blanca a unos 650 kms de Buenos Aires, donde desenterró varios fósiles de mamíferos de la época del pleistoceno. Esos hayazgos fueron tomando forma en la cabeza e imaginación de Darwin a lo largo del viaje y durante muchos años después. Hoy se cumplen 200 años de su nacimiento y en escasos meses, su obra, “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural” (aunque en un principio pensó en llamarlo “Sinopsis de un ensayo sobre el origen de las especies y variedades por medio de la selección natural”), cumplirá 150 años.  A estas alturas ya nadie duda de que la evolución biológica (la transformación de un tipo de organismo en otro) se produce cuando se altera la frecuencia de antiguos o nuevos genes en una población dada, la fuerza evolutiva. Pero en 1859 tuvo que enfrentarse a muchos contratiempos entre ellos la iglesia anglicana, pues con esa teoría dejaba patente que los arquetipos no representan la voluntad divina. Su teoría selectiva (junto a Wallace), nació al abrazo del concepto de “lucha por la supervivencia” de Malthus, que exponía que la población humana crece en progresión geométrica mientras que los recursos de subsistencia lo hacen en progresión aritmética, así llegará un punto en el que la población no encontrará recursos para su subsistencia (Catástrofe maltusiana).  Darwin llegó a la conclusión de que los genes no basta para producir un nuevo organismo, sino que necesitan espacio, energía y sustancias químicas que han de obtenerse del medio ambiente de acuerdo con las instrucciones contenidas en los genes. La reproducción tiende a incrementar el tamaño de la población y más pronto o más tarde se alcanzará un punto en el que el espacio, energía y sustancias químicas necesarias para construir nuevos organismos, se volverán más difíciles de obtener. Si cada organismo produce varias copias de sí mismo, la expansión de la población se produce con gran rapidez y los recurse se agotarán impidiendo que los organismos se reproduzcan en la misma tasa. Algunos genotipos, los que gozan de mayor eficacia biológica, llegarán a construir un aparte creciente de la población, esto es,  se “seleccionaran” através de la selección natural. Así esas teorías creacionistas que negaban la validez de las teorías antropológicas y exponían que el universo entero (incluido galaxias, estrellas, planetas, minerales, plantas, animales…) fue creado en seis días de veinticuatro horas y que tuvo lugar no hace más de 10.000 años y que todos los humanos modernos  y todas las especies animales ahora extinguidas convivieron juntos alguna vez, quedó como teoría no aceptable para el evolucionismo. Hoy siguen existien detractores de Darwin y su teoría, exponiendo que la selección no crea especies nuevas sino que elimina los estados inviables… y es posible que estén en lo cierto y que Darwin estuviera en un error, pero las teorías son expuestas para que en un momento dado se pueda demostrar lo contrario. 150 años de la publicación de su libro al que el llamaba “mi libro abominable”, y es que despues de llevar 20 años en un cajón, Wallace concibió la misma idea, lo que le obligó a darse prisa para enviar su teoría a la imprenta. Alarmado ante la posibilidad de que Wallace se le adelantara, hizo a un lado su gran obra y escribió en poco tiempo una exposición mucho más concisa, con la inteción de que la versión breve y apresurada fuera sólo una sinopsis de su teoría y de los datos que respaldaba. El proceso de escritura fue precipitado y penoso… abominable.

Algunos de los datos aquí expuestos están tomados del libro: Introducción a la antropología general de Marvin Harris.

 

Palabras

foto merak©

foto merak©

Sonaba un cuarteto de cuerda. El parque se llenaba de los acordes que cosquilleban el verde tapiz. La mañana era de invierno, fría, aplomada… las nubes se vestían de tormenta. El viento robaba las milésimas de segundo de descanso a los párpados.
La ciudad, conformista ante el decorado, caminaba con su belleza velada sobre el infinito.
Ella le miró, era difícil en aquellos momentos hacerlo y olvidarse de los verbos en pasado, de las parábolas que guían las estrellas.
Sonaba un cuarteto de cuerda y ella lo besó. Ya no era el beso canival que surgía otras veces cuando sus manos formaban líneas en sus ojos y pintaban miel en sus cabellos.
Se fueron separando hasta que sus manos dejaron de tener contacto y él sólo tuvo como referencia su espalda. Ella se volvió, lo volvió a besar, y entre el beso se escapaban sus pensamientos… “¿sabes?, tengo la sensación de que nunca más te volveré a ver”.
Sonaba un cuarteto de cuerda y la música surgía de ella, por ella, sin él…

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