Archivos para marzo, 2009

Redibujándome

Publicado: marzo 18, 2009 en entrenamientos
foto Merak

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“Por eso si en invierno hace frío, bajo al infierno un poco…” dice Calamaro en “Los chicos”; y yo, ni corto ni perezoso, es lo que estoy haciendo, no lo del infierno, que eso me lo gané hace tiempo, sino buscar lo mejor en cada momento. Desde que el famoso nervio atrapado del pie se “desatrapó”, y mirando en lontananza (y no tan en lontananza) al calendario para ver la Transalpine en el punto de mira, mis entrenamientos han cambiado mucho, de alguna manera me estoy redibujando para adquirir un perfil óptimo para carreras de montaña. Es lo que hay, o sí o sí… He sustituido un entrenamiento de carrera por un día de rodillo. Esto no me emociona para nada, pues me aburre como una ostra aparte de dejarme un dolor en el culo considerable. Los ritmo son diferentes. No hay un solo día que exceda las 155 pulsaciones con la intención de coger fondo, readaptar mi corazón y sobretodo por esa máxima que tienen las carreras de fondo: “más despacio, más lejos”. También he empezado a aplicar el tema de los mesociclos. Vale, ya sé que suena a periodo menstrual, pero yo no tengo la culpa de que se llame así. Hago tres semanas a un determinado ritmo para después pasar a hacer una semana bajando ese ritmo y los kilómetros. La conclusión es que me encuentro mucho mejor. Pero como la cabra siempre tira al monte, y viendo que el próximo día 29 de Marzo tengo la Vig-Bay (Vigo-Bayona), el 26 de Abril la Media Maratón de Zaragoza, y sobretodo el día 10 de Mayo el Maratón de Praga; y queriendo hacer un papel digno, ayer me aventuré a hacer unos cambios de ritmo de 800m, donde comprobé que mi estado no dista tanto de mi mejor momento, aunque aún le queda mucho y posiblemente nunca lo alcance debido a este cambio de mentalidad y entrenamiento. Así que en fin, si queréis algo ya sabéis, estaré en el infierno, que a mi lo del frío como que que no.

Los chicos

foto Merak

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¿Somos algo más que el paso del tiempo? ¿Nos queda algo más que nuestros recuerdos?
Intento arrancar cada minuto, cada segundo, cada décima. Intento reconstruir imágenes y seguir estando allí. Sí, es cierto que se puede pasar de puntillas y dejar huella, en este caso en forma de canción, o tal vez no sólo en forma de canción…
Si mal no recuerdo hacía 10 años que no veía a Antonio en directo, y para ser sinceros, dado el estado tan lamentable en que se encontraba en aquella época, me esperaba un concierto desajustado, con un sonido poco trabajado… aunque yo a Antonio se lo perdono todo, me dan igual sus ausencias con la guitarra, el olvido de las letras, la voz a punto de lanzarse al vacío, me daba igual.
Pero me equivoqué. En cuanto sonaron los primeros acordes de “Entre tú y yo”, supe que aquello había cambiado, que eso era otra historia, y desde ese momento comprendí que estaba asistiendo al mejor concierto que había visto de Antonio.
Es evidente que no podía faltar a su cita con ese vértigo que da al escuchar una voz que no sabes si en cualquier momento se va a cortar o simplemente va a seguir agonizando. Cuando empezó a cantar pensé que la música estaba muy por encima de la voz, no sólo en potencia, sino también en calidad. Pero en su segundo tema “Elixir de juventud”, se disiparon las dudas, sólo era el comienzo… y por la cuarta canción, la voz ganó la partida a la música, y creedme que eso era complicado de verdad, porque Antonio se ha rodeado de un grupo (en el que el único que sigue de toda la vida  es Basilio) con unas guitarras impactantes, potentes, unos músicos excepcionales que han devuelto el auténtico protagonismo a las guitarras en las canciones de Antonio. Escuchar esas quitarras en “Entre tú y yo”, “Océano de sol”, en la sorprendente potencia con que acabó “El sitio de mi recreo”, en “Lo mejor de nuestra vida” (y su tendencia a olvidarse de la letra de esta canción), en “Lucha de gigantes”… fue como inundar aceras de restos agonizantes de otras vidas, las que recordaba desde siempre, tal vez incluso las recordaba desde antes de mi existencia; fue empañar cristales y desgarrar piel.
Su paso por el escenario siempre es desconcertante, nunca sabes si va a ser capaz de seguir manteniéndose en pie, e incluso cuando se aventura a dar unos pasos sobre el escenario, te dan ganas de decirle, no, déjalo, quieto donde estás, no se vaya a tropezar y caer… pero eso también forma parte de su magia, de ese magnetismo que te mantiene unido a él por un hilo invisible.
También me llevé la agradable sorpresa de que no se le había olvidado tocar la guitarra… ¡claro! eso no es posible para uno de los mejores guitarristas que hemos tenido en nuestro país, pero lo cierto es que ya desde hacía tiempo, no conseguía rellenar los espacios entre estrofas con los sonidos de su guitarra, le costaba llegar al final de los punteos… Así me quedé boquiabierto en “Pueblos blancos” y ojiplático en “Caminos infinitos”, comprobando cómo atacaba las melodías intermedias con esa facilidad de hace años, con un sonido puro, conciso, potente, llegando a todos los trastes de la guitarra, y con ello a todas las notas que uno conoce o que simplemente él te hace imaginar.
No sé si estos conciertos que ha denominado “gira teatros”, tendrá una continuidad en un disco, pero a mi eso ya me da igual, la magia de ayer por la noche ya no me la quita nadie, porque Antonio no es sólo el contenido de aquella época donde sólo había cosas visibles, ni la profundidad de unas letras que se sumergen en la poesía mas exquisita; Antonio forma parte de mi vida al igual que sus otros miles de sueños, que sus décimas de segundo o que sus ángeles caídos.
El paso del tiempo no son frenazos en seco, ni los recuerdos cristales que se reflejan en la noche. Tampoco fugas, ni muestras, ni almohadas deslizadas entre gemidos, ni vasos llenos de sudor, ni la unión de dos cuerpos, ni la banda sonora en la fiesta de aquel pueblo… sólo son caminos, caminos infinitos. 

Entre tú y yo