Archivos para octubre, 2010

foto: merak

Olvidé el roce de tu cuerpo, aquel que distorsionaba el mundo. Dejé de pasar por las noches labradas en blanco y en los recovecos de mi memoria no hay más que telarañas. No volví a atravesar con la mirada ni con la boca ni con las manos la humedad de tu vientre. Cerré todas las puertas al mundo y escupí a la fortuna, ahorqué las sonrisas y las enterré en las profundidades de los abimos que abrí con los nudillos. Olvidé sentarme en la acera y esperar a las horas. Me fui arrojando piedras contra mis fantasmas, arrancando calles y empedrando ríos. Deshice la  boca en las gotas de lluvia que formaban espejismos… Ahora vuelvo la mirada y recuerdo un atardecer inesperado, un beso bajos las sábanas del verano, un libro, una mano, un todo. Recuerdo un viento que despeinaba la piel de tu espalda, un sudor abrazado, un pecado en la manzana, una plegaria en tu pecho. Recuerdo que olvidé el tacto de tus palabras, el abrigo que te resguardaba de la escarcha, la cama vacía, el perfume. Olvidé que el otoño atraviesa como un puñal lentísimo, que una canción es la memoria de lo imposible, y que recordar es lo más parecido a sobrevivir.

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