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Hago la cuenta de memoria

Publicado: noviembre 13, 2014 en behobia-san sebastian, carreras

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Uno siempre puede elegir. Abrir el armario por la mañana y decidir qué ropa ponerse, qué zapatos usar. Caminar, y pensar qué camino le gustaría tomar, qué trazado seguir. Incluso puede elegir qué personas quiere que le acompañen o no, cuales decidir quienes no son las mejores y quienes sí. Puede elegir qué sueños dejar o coger, incluso retomar. Siempre se puede elegir, aún sabiendo que existe el riesgo de volver a caer en los mismos errores, o en la satisfacción de volver a tener los mismos aciertos. Si miráis la fecha del último post, veréis que hace justo un año que no actualizo nada, exáctamente el tiempo que he tardado en volver a ponerme un dorsal. Un año de recuperación y adaptación en el que aún sigo inmerso, pero con vistas hacia esa luz que todo lo guia. Tras la lesión de la tibia llegó el tiempo de una recuperación lenta y tranquila, y después… después llegó lo peor, volver a ponerse las zapas y encontrar un ritmo, un tic-tac que me recordara de qué iba todo esto. Fueron días de adaptación psíquica y física, donde las molestias, esas que alguna vez tuve y que ya ni recordaba, volvían a aparecer. La última en marchar fue ese dolor en la rótula derecha que se quedó impregnada tras la Transalpine… y ya hacía años. Sabía que lo importante era tener una meta, y en mis circunstancias, esa meta no debía ser muy grande, a quilómetros me refiero. Así que me planteé hacer la Behobia-San Sebastian de este año, y el pasado domingo, con apenas cinco semanas de preparación y unos 125k totales de entrenamiento, volví a ponerme en una linea de salida… pero no en cualquier linea de salida, para quien haya corrido la BSS sabrá a lo que me estoy refiriendo, y una vez más, no me defraudó, esa gente, esas calles, esos gritos, esos ánimos y aplausos… Gracias por todo, sois la hostia. En cuanto a  mi carrera… pues a pesar de estar lejos de mi mejor tiempo (1h28′ cuando mi mejor tiempo aquí fue 1h19′), las sensaciones fueron de lo mejor. No pensé que no sólo pudiera mantener un ritmo próximo a los 4’30” el km, si no poder ir mejorándolo a medida que los quilómetros, la dureza y el cansancio iban aumentando… Quizá, ahora, pueda plantearme seriamente y desapacio algún nuevo reto, porque al fin y al cabo, uno siempre puede elegir, y eligo quedarme con lo mejor y con lo que me haga feliz, y esas estoy… siéndolo.

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foto: diariovasco

…Cuando llueve uno se moja como en las demás. Suena el despertador, las 4:15 de la mañana, seguro que a estas horas alguno está saliendo de juerga… Con las legañas como pegatinas en las pestañas, emprendemos la marcha Julián, Gorriti, Javier, Óscar y un servidor. Me duermo y cuando despierto, estamos casi en el Boulevard. Montamos el campamento base en el parking, como tantos corredores más, junto al servicio, por si es menester. Después un poco lo de siempre, que si café, que si cambiarnos, que si vamos a por el tren… que si masaje y sauna en el vagón, es que la organización es un punto!… sardinas enlatadas hasta el autobús que nos llevará a la salida. Se pone a llover un poco, hace viento y frío, menuda racha llevó! Nos encontramos con mucha gente en el famoso campo de fútbol donde todos calientan, comen, beben o evacuan según la necesidad y no necesariamente en este orden. Allí aparecen entre otros Iñaki, Kirander, el famoso “Rocas el trota” y Emilio. La salida, para variar, la hacemos más fuerte de lo que al menos yo hubiera querido. Nos vamos Rocoso, Óscar y yo, pero sólo es hasta el kilómetro seis, allí les despido y me pongo a mi ritmo… algo que agradezco con entusiasmo, por fin dejaré de snifar el “Radiosalil” con el que Óscar se ha engominado hasta el pelo, todo con la excusa de reparar una dolencia en el psoas. En el 10 noto los efectos secundarios del café de Gorriti, seguro que adulterado, que eso de que ahora pite de ese modo no es gracias a un filete y los macarrones de Maite. Llueve mucho y hace viento, la camiseta helada se me pega a la piel… pero mira que soy imbécil, si yo no he nacido para correr en tirantes! Justo antes del Miracruz me adelanta Julián, y me quiero morir, no porque me adelante, si no por los pinchazos en el estómago que el café, como si hubiera cristalizado, me arremete sin piedad. Ataco Miracruz… pero de dónde ha salido toda esta gente???! En la bajada, justo el terreno más propicio, yo tengo que bajar el ritmo para no ir “dejando rastro” tipo Hansel&Gretel al resto de corredores. Ahora llueve más, “mecagoensusmuelas”. Entro en meta despacio, después de 1h29’10” corriendo. Veo a Ósacar en la lejanía, tiembla como un polluelo recién nacido, le ofrezco mi camiseta, se hace el chulín y dice que no.. claro! con los tres litros de “Radiosalil” que lleva encima, quién tendría frío??? Nos cambiamos, “Colacao”, y nos vamos al barrio viajo a… bueno, eso es otra historia, y no seré yo quien la desvele. Una vez más, preciosa carrera, de esas que hay que correr mil veces, incluso aunque haga sol.

Sal en el viento

Publicado: noviembre 10, 2008 en behobia-san sebastian, carreras
Merak

Foto: Merak

Me ata el corazón, las miradas, el tiempo que transcurre entre mi mano y el niño que está en la cuneta esperando mi mirada. Me ata el sabor de las situaciones, el compás de las mañanas soleadas, las sonrisas concentradas de las personas que animan…  la belleza de la distancia, el mundo imperfecto, el verde en las alturas, a lo lejos. Los cristales del tren se empañan firmado por el seudónimo de miles de corredores que soportan de pie el recorrido. Huele a Radiosalil. Los dorsales cuelgan del pecho como acordes en los pentagramas, unos rojos, otros verdes, amarillos… La contradicción de la cercanía unida a la perplejidad de las personas que no saben quienes son realmente, unidos para lo mismo, por lo mismo. Después caminar, cambiar de país y encontrar amigos que ya hacía tiempo que no veías. Encontrar otros nuevos. Dan la salida y disfrutamos de la onda expansiva, de las voces a cámara lenta a ratos, fugaces otros. Gorriti diría que hemos salido muy deprisa, que deberíamos haber bajdo el ritmo desde el principio. Yo me encontraba bien. El día, el sol y la gente hacen el resto. La Behobia/San Sebastian es una carrera con pinceladas de dureza plasmada con delirios de satisfacción, como los sueños cuando no se sueñan. Es descubrir cómo se puede volar sin alas, tan solo con el impulso de las miradas, de los gritos, de los aplausos que llegan por babor y estribor. Tal vez el punto negro esté justo al lado del punto maravilloso. Ese puerto con hierros oxidados y gruas paralíticas junto a la subida del km 15. Esa subida es una herida que no cura nunca. Da igual la terapia, volverá a repetirse infinidad de veces en tu vida. En realidad corres tú, pero no. No eres tan importante, ni si quiera eres tú, sino miles de piernas y huesos y pieles que te empujan sin perder el tiempo, ni el espacio… ni la memoria. Cuando Félix me cogió en el km14 y vi su ritmo, sabía que tendría que seguirle. Fue gracias a él que hice tres minutos menos de lo esperado, o de lo que yo esperaba. Sus gritos de: “Tú júntate a mi” y “después del 17 hasta la meta a saco”  hicieron que varios kms bajaran del 3:30. Y después la meta, el olor a sal en el viento, el olor del sudor en la sal. Entonces construyes un beso con reverso, el que tú te llevas en los ojos y el que los cuerpos levantan en sus manos en una mirada dual.

A flor de piel no es sólo una expresión.