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Ya no me acuerdo

Publicado: septiembre 2, 2011 en los dedos insurrectos

Temo a las esquinas,

pero más al todo recto.

Temo lo desconocido,

pero más lo que conozco.

Temo las miradas,

pero más si no me miran.

Temo las palabras

y más aún el silencio.

Temo al llanto,

al desconsuelo,

al consuelo,

a los abrazos,

a los lazos,

a los nudos,

a los mundos,

a los títeres sin cabeza,

a la tristeza,

a la alegría,

los suspiros,

los tiros,

los dardos envenenados.

Temo a la vida,

pero más si es sin ti.

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foto: merak

Olvidé el roce de tu cuerpo, aquel que distorsionaba el mundo. Dejé de pasar por las noches labradas en blanco y en los recovecos de mi memoria no hay más que telarañas. No volví a atravesar con la mirada ni con la boca ni con las manos la humedad de tu vientre. Cerré todas las puertas al mundo y escupí a la fortuna, ahorqué las sonrisas y las enterré en las profundidades de los abimos que abrí con los nudillos. Olvidé sentarme en la acera y esperar a las horas. Me fui arrojando piedras contra mis fantasmas, arrancando calles y empedrando ríos. Deshice la  boca en las gotas de lluvia que formaban espejismos… Ahora vuelvo la mirada y recuerdo un atardecer inesperado, un beso bajos las sábanas del verano, un libro, una mano, un todo. Recuerdo un viento que despeinaba la piel de tu espalda, un sudor abrazado, un pecado en la manzana, una plegaria en tu pecho. Recuerdo que olvidé el tacto de tus palabras, el abrigo que te resguardaba de la escarcha, la cama vacía, el perfume. Olvidé que el otoño atraviesa como un puñal lentísimo, que una canción es la memoria de lo imposible, y que recordar es lo más parecido a sobrevivir.

Realidad

Publicado: junio 11, 2010 en los dedos insurrectos

fotografia: merak

Pensaba que hacia mucho que no escribia nada por aqui. Ya sabeis, si quereis utilizarlo es muy facil, me enviais un mail y me lo decis, ya que este texto esta registrado.

Buscando un sitio a donde ir. Recorriendo las calles. Los segundos inatrapables se escapan entre sus dedos mientras contempla sus ojos. Ella miraba al mar como se mira al olvido, leyendo las arrugas de la frente, bordando con los labios los caminos acabados.  Habrá algo dentro de este perdido ser, habrá castigo que pagar, habrá otro sueño que alquilar en otro cuerpo que tocar, habrá futuro… Al perecer serán tus ojos y el cielo. Le decía en aquellas noches que despegaban dobleces de segundos que pasaban una y otra vez. Serán los míos capaz de mirar, serán mis labios otra vez, será que no necesito saber la verdad, será que ya no estoy, será que soy la noción de saber, será el próximo segundo. Le contestaba en un quebradizo galopar de palabras. Ella miraba al mar mientras las pestañas se cansaban de ser rastrillo y el aliento de oler a barro. Miraba al mar mientras alimentaba su corazón de cieno, sosteniéndose del baile de cualquier sirena. Arqueaba una ceja en el penúltimo sueño junto a su pelo que sostenía en sus hombros, tratando de encontrar razones para levantarse y cobijar un corazón abarrancado que ya no ama ni a sus vientos sublevados. Andando por andar. Buscando un sitio donde ir. Estaba solo y vendería un trozo de su gastada alma para besar una última madrugada de luna resquebrajada, por organizar la batalla estelar a pedradas contra el cósmico cristal que soportaba su mirada. Ella miraba al mar y los labios mordían su retina, refugio de espuma donde quedan varadas las lágrimas. Besaba tatuando anclas en el corazón, dejando noches malheridas y estrellas oxidadas. Miraba sus manos… a veces, sólo a veces, los recuerdos no agravaban la soledad. A veces, sólo a veces, embalsamaba ideas para el futuro ahorcando sueños. La lluvia de cartón le atenaza. Escucha las olas. Ella besaba al mar y a él le entraban ganas de tener agallas, de sumergirse en su piel y flotar en sus pechos, de buscar corales entre sus dedos, de tropezar con su espalda mientras amaba el horizonte que se pierde en su ombligo. Ella besaba al mar y lo mojaba todo y a él sólo le quedaba apuñalar fachadas por no tenerla entre sus brazos, por dejarla marchar  mientras arrancaba las hojas de un sillón. Ella miraba al mar entre sus manos. Oyó sus palabras… aún partiéndole los labios sus besos, no le escocerían tanto como esta despedida. Probó la sal del agua y la llevó hasta su boca. Se deshizo circulando en las tuberías de sus venas como se deshizo su imagen en la encrucijada del tiempo. Él mira al mar. El mundo anda pero no camina. Rompe la fotografía que sostienen sus manos. Roza con la mirada cada letra de su lengua. Escurre el sudor de las almohadas donde ella dejó la cabeza en esas noches de batallas cuerpo a cuerpo. Escribe un par de frases en su oído… Lanza los pedazos al mar… y las veces que lloró con ella, y las veces en su cama, y el vacío de la espera, y el estremecimiento de sus dedos, y las ocho de la tarde. Acaricia su aliento… La fotografía se mece en el mar… y su espalda que ya no tocará a diario, y su ropa que ya no serán huellas dactilares en el suelo, y los abrazos en los que se dejaba la vida, y perderse contigo y contigo perder… Flotan sus ojos, sus labios; el pelo se humedece y su voz se condensa. Flotan sus lunares rosas, su piel ozonada; su mirada tiñe las algas…

Ella miraba al mar mientras él la miraba a ella.

http://www.goear.com/files/sst5/mp3files/25082009/4b9b8a1d90e8621dd3a827279baec7eb.mp3″

foto merak©

foto merak©

Sonaba un cuarteto de cuerda. El parque se llenaba de los acordes que cosquilleban el verde tapiz. La mañana era de invierno, fría, aplomada… las nubes se vestían de tormenta. El viento robaba las milésimas de segundo de descanso a los párpados.
La ciudad, conformista ante el decorado, caminaba con su belleza velada sobre el infinito.
Ella le miró, era difícil en aquellos momentos hacerlo y olvidarse de los verbos en pasado, de las parábolas que guían las estrellas.
Sonaba un cuarteto de cuerda y ella lo besó. Ya no era el beso canival que surgía otras veces cuando sus manos formaban líneas en sus ojos y pintaban miel en sus cabellos.
Se fueron separando hasta que sus manos dejaron de tener contacto y él sólo tuvo como referencia su espalda. Ella se volvió, lo volvió a besar, y entre el beso se escapaban sus pensamientos… “¿sabes?, tengo la sensación de que nunca más te volveré a ver”.
Sonaba un cuarteto de cuerda y la música surgía de ella, por ella, sin él…

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