Archivos de la categoría ‘maraton de praga 2009’

foto merak

foto merak

Hay respiraciones tan profundas que casi pueden llegar hasta el centro de la tierra. Y noches  que se abrigan con la piel de las ciudades. Praga sube hasta donde llega tu respiración y esparce la noche entre las sinuosas luces del Moldava. Es curiosa esta ciudad, la simbiosis de estilos aparece como por casualidad, las plazas románticas, las sinagogas judías, las casas burguesas, lo palacios renacentistas… todo parece formar una aleación sintética, sin embargo, todo se extiende en una incesante cuenta atrás que pende, como de un hilo invisible, del tiempo… ese que marcan los relojes, la infinidad de relojes que salpican la ciudad, por supuesto, el más conocido, el astronómico, situado en la Plaza de la Ciudad Vieja, acelera el tránsito urbano a cada en punto. Algo tiene Praga de caótico, con sus serpenteantes callejuelas estrechas, los portales cerrados con verjas, los soportales entre tinieblas, el adoquín ensalzado que cuadricula parte de su piel… Algo tiene Praga de egocéntrica, son sus fachadas en relieve, y su arquitectura majestuosa, los espacios verdes, los puentes, el castillo… Y algo de premonitorio, camines por donde camines, el Moldava siempre aparece, bien para dejarnos patente el innumerable paso de sus gentes, o para hacernos imaginar el club hípico que a lo largo de él forman los puentes, el más atractivo, por supuesto, el Puente de Carlos. Algo tiene Praga de intemporal, algo que te hace contener la respiración y sentir los latidos del corazón en la garganta.

 Hacer un viaje con Gorriti, Julián, Miguel y Patricia, es sinónimo de juerga segura, eso sí, a lo que vamos, al Maratón…Nuestra casa está situada a escasos ciento cincuenta metros de la Plaza de la Ciudad Vieja, eso quiere decir que estamos a escasos ciento cincuenta metros de la salida y llegada de la carrera. De tal forma, que según Gorriti, en caso de apretón de última hora podríamos ir al servicio de casa sin tener que hacer uso del árbol de rigor de otras ocasiones. La mañana anterior hemos visto cómo colocaban el arco de salida y meta, y la mañana anterior hemos ido a recoger el dorsal a un bonito palacete al que llegamos en tranvía sin pagar, vamos, que nos colamos, todo bajo la presión de Julián, al que después de tres paradas se le ablandó la conciencia y con la excusa de: “joer, es que si pasa el revisor nos llevan a la trena fijo, y entre que encuentran un traductor y nos explicamos, nos tenemos que volver ya para España…” pie a tierra. La previsión meteorológica dice que el domingo por la mañana habrá 13º a las nueve de la mañana (hora de la salida), algo de lluvia y nada de sol. Salvo la lluvia parecen las condiciones óptimas para decidir correr un maratón, pero… cuando amanece y vamos a la línea de salida, los termómetros marcan 20º a las nueve de la mañana, nada de lluvia, y sol de castigo. El maratón no dobla el recorrido, pero lo tienen organizado de tal manera que se pasa varias veces por el mismo sitio, lo que hace que las personas que te acompañan, puedan verte varias veces sin necesidad de grandes desplazamientos, pues por la zona antigua, nos pueden ver tres o cuatro veces. Apenas sale de la ciudad el recorrido y todo gira en sentido al Moldava. Primero por la orilla interna, luego por la externa para sobre el km 12 volver a pasar por donde habíamos salido. Otra vez la orilla interna del Moldava, interior de la ciudad y otra vez interior del Moldava. Mis sensaciones antes de salir no eran buenas, como esos días que no te encuentras bien y no sabes porqué, pues así. Desde que comencé a correr, no encontraba el paso, no me ajustaba bien al ritmo, aunque los primeros 10kms marco una media de 3:54 el Km, lo que me hace pasar los primeros 10kms en menos de 40 minutos. A la media llego con un tiempo de 1h 25 aproximadamente, pero sé que no voy bien, que aunque el tiempo es bueno, es ficticio. En el km 25 coincidiendo con el paso a la orilla externa del Moldava, me noto muy mal y veo cómo mi ritmo va bajando poco a poco hasta 4:15 el km. Es en estos momentos cuando estoy convencido de que me va a tocar sufrir, no ya para hacer un  tiempo digno, sino para acabar. En el 31 volvemos a entrar en la orilla interna, aquí mi ritmo ya está por el 4:30 el km. Otra vez orilla externa hasta el 37. Aquí ya voy muerto, con kms a ritmo de 6:00. No me paro por dignidad. El agua de los avituallamientos está a cuarenta grados, es imposible beberse eso… Aunque claro, si yo que voy alante me encuentro eso, ¿¿qué se encontrarán los que vayan detrás?? Quedan 5 kms y pienso en sentarme y que me lleven en coche a meta. Veo como las asistencias rescatan a un chaval de la cuneta que está grogui, pero cuando nota el contacto con el asfalto, incomprensiblemente se pone a correr, bueno, correr por llamarlo de alguna manera. Al pasarle le digo: ¿te encuentras bien? pero ni me mira, no sé si porque va muy mal o porque no he utilizado el idioma correcto. Veo mucha gente y sé que estoy llegando a meta, en realidad la animación ha sido muy buena, ¡claro! con este calor han salido todos los praguenses a la calle. Piso los últimos e insoportables adoquines para terminar incorporándome a la alfombra azul que hay en meta, voy tan mal que ni a esprintar me atrevo. Paro el reloj en 3h 07′ 20” estoy contento por el tiempo (aunque sé que estaba en condiciones de haber hecho menos), aunque no tanto por lo últimos 12 kms, que fueron una especie de calvario. 

Algo tiene Praga de incomprensible para que la cerveza (pivo cerne), sea más barata que el agua. Y algo de cemento, cuento y poesía, música y libertad. Praga es todo y nada a la vez, una mirada perdida, un gesto de indiferencia, un amor imposible, una noche de reflexión… Cuando crees tenerla se te esfuma entre las manos, como una novia indecisa. Hoy, ya sin ti, me despierto con las horas aglutinadas en las yemas de los dedos, con las pestañas dormidas entre los dientes. Hago un pacto con el tiempo para que me dé más horas, o simplemente que rompa todos los relojes y anude las agujas, pero sólo me devuelve un uno, un tres y un segundo partido. El cielo se llena de líneas rojas y parece que cuanto más cerca estás, más largo se me hace el camino. Se avecinan nuevos retos y lugares, todos juntos jugando, en bordes de labios, y lenguas… y espacios.

Gracias Montse, Patricia. Gracias, Busta, Alicia, Miguel. Gracias María, Pablo, Maite, Teresa. Pero sobretodo, gracias Julián. Gracias Gorriti. 

Ps.-El video que he montado iba a llevar otra música, pero en estos momentos, no podría ser otra que la que al final puse. Ni que decir tiene lo mucho que me ha costado escribir este post, es como sin con Él también se hubiera esfumado mi inspiración.